Cómo sobrevivir al inicio de curso

El año pasado, publicábamos esta entrada que ahora retomamos. ¿Es posible hacer del final de nuestras vacaciones un momento ilusionante?

Rescatamos esta entrada de hace un año, que creemos puede daros algunas pistas:

Con el final del mes de agosto se acerca ese momento tan ansiado y temido a partes iguales: ¡La vuelta al cole!. Y si no habías caído en ello, ya se habrá encargado el Corte Inglés y las papelerías de recordártelo.

No todos los que viven este cambio de etapa lo viven desde el mismo rol ni con las mismas sensaciones. Nada tiene que ver lo que supone el inicio de clases para un padre o madre de familia, que para un alumno o para los docentes.

Hoy nos centraremos en aquellos que antes se enfrentan al tan temido día. Sí, hablamos de los profesores, aquellos que por norma general viven una mezcla de nostalgia por tener que terminar el tan merecido y necesario periodo de descanso, junto a la ilusión de comenzar con nuevos retos y proyectos.

Debemos partir de la base de que no para todos supondrá lo mismo. Depende de lo que para ti sea tu profesión, supondrá una cosa o la otra. Los que realmente viven esta profesión como vocación, seguro que hace tiempo que empezaron el nuevo curso, buscando recursos, revisando materiales y métodos; y construyendo las ideas que durante el verano han ido apareciendo.

Además, no solo nuestro propio concepto de la profesión cuenta, hay otros factores que influyen definitivamente en como afrontemos el próximo día 1 de septiembre.

Sin lugar a dudas, la experiencia personal que hayas tenido en años anteriores marcará tus expectativas para este nuevo curso.

Los proyectos que emprendiste y tuvieron éxito, serán una fuente de motivación para continuar aportando tu creatividad, esfuerzo y dedicación. Sin embargo, aquellos intentos fallidos, o quizás más bien los intentos frustrados (ya sea porque se quedaron en el tintero o porque hubo quien no confió en ellos y los hizo imposibles) pueden llegar a hacer que la sensación de cansancio o extenuación propia de junio, aflore de nuevo en estos primeros días.

Dedicar en estos días previos un momento de tranquilidad a pensar sobre ello, puede ser importante. Siéntate tranquilo/a, y regálate unos minutos para recordar aquello que hace que tu trabajo merezca la pena, recuerda por qué haces esto, lo que puedes llegar a aportar a tus alumnos/as.

Recuerda que tienes en tus manos el presente y el futuro, 25 personas que son ya parte de nuestra sociedad y que con los años, cada vez más, irán tomando un papel protagonista. Tienes en tus manos el poner tu grano de arena por construir un mañana mejor y recuerda, que las personas que cambian el mundo, tuvieron un maestro o maestra que le hicieron creer que era posible y le dieron las herramientas para hacerlo.

Las personas que cambian el mundo, tuvieron un maestro o maestra que le hicieron creer que era posible.

En este sentido, haz uso de esa memoria selectiva que dicen que tenemos. Céntrate en aquello que te motiva e ilusiona y convéncete de que merece la pena. Y los momentos grises, anótalos en un lugar aparte, no para olvidarlos, sino para aprender de ellos y afrontarlos con mayor sabiduría la próxima vez.

Nuestros compañeros pueden marcar la diferencia.

El refrán que dice que “el roce hace el cariño” cobra mucho sentido en nuestro ámbito laboral. Compartir pasión, sueños y proyectos diariamente con un grupo de personas, hace crecer entre ellos una conexión especial.

A veces en esta conexión saltan chispas. En el día a día es habitual que surjan roces o discusiones que a veces pesan más de lo que esperábamos. Míralos y recuerda aquello que os une. Es sin duda todo un tesoro que si se sabe apreciar, cambiará cada uno de los días de este curso que ahora enfrentamos. Sembremos un ambiente de cooperación, compañerismo y “buenrrollismo”. Unamos sueños y proyectos, sumemos fuerzas en lugar de restar capacidades buscando protagonismos individuales, pues los verdaderos protagonistas estarán sentados frente a nosotros de aquí a un par de semanas.

Sembremos un ambiente de cooperación, compañerismo y “buenrrollismo”

Podréis decirme y con toda la razón, que todo esto son palabras que se lleva el viento, que después hay afrontar el día a día, madrugar para pasar la mañana a pleno rendimiento, soportar el desgaste psicológico que supone el trato humano, llegar a casa y encontrarte con que te esperan varias horas sentado al ordenador, programaciones, indicadores, estándares de aprendizaje… ¡No todo es tan bonito!

No os faltaría razón, pero en esto, nos toca ser más listos, ir por delante de las dificultades para que cuando lleguen, no nos cojan bajos de defensas sino preparados para presentar batalla.

 

Nos toca ser más listos, ir por delante de las dificultades para que cuando lleguen, nos encuentren preparados para presentar batalla.

Entonces, ¿Cómo afrontar el inicio del nuevo curso de manera que éste no sea para nosotros un cúmulo de estrés o una continua carrera de obstáculos? Permitidme compartir con vosotros aquellos consejos que he ido recibiendo y que ahora me recuerdo a mí mismo:

1- Busca lo que te apasiona y céntrate en ello.

Busca nuevos retos, nuevos proyectos, algo en lo que volcar tus esfuerzos e ilusiones. Cualquier trabajo, por maravilloso que sea, puede volverse algo triste y nada apetecible cuando lo reducimos a acciones repetitivas, a cumplir con lo demandado y algo totalmente despersonalizado. Haz tuyo tu trabajo, busca aquello que realmente hace que para ti merezca la pena. Encuentra aquello que te apasiona y ponlo en el centro de todos tus esfuerzos. Lo demás vendrá después, y nuestra propia satisfacción de hacer aquello que nos gusta, hará que sea más fácil.

Si centras tus esfuerzos en la burocracia, rellenar papeles, cumplir con lo que te piden… ¿Dónde está la pasión, la ilusión, la emoción? Todo ello habrá que hacerlo, pero que el centro de tus esfuerzos sea aquello que realmente te apasiona.

2- Planifícate.

No podemos abarcarlo todo al mismo tiempo. Una buena organización puede hacernos evitar esa sensación de “Tengo tanto que hacer que no se ni por donde empezar”.

Tener claro a qué nos vamos a dedicar en cada momento, nos ayudará a dejar a un lado todo lo demás, que nuestra atención sea plena en lo que estamos haciendo y que por lo tanto seamos más eficientes.

La sensación de competencia y eficiencia por el trabajo terminado, será también motivación para enfrentar la siguiente tarea.

En esto, cada uno tiene sus propios métodos. Hay quien tiene una lista interminable de cosas por hacer y va tachando a medida que va terminando algunas. Esto por lo general no funciona para reducir es estrés y la sensación de no avanzar, puesto que siempre vamos añadiendo nuevas cosas a la lista y nunca la vemos desaparecer.

Otra fórmula es establecer plazos para cada tarea. Si un documento no lo tengo que entregar hasta dentro de un mes, quizás en esta semana deba ocuparme de otra cosas que sean más urgentes. Del mismo modo, si algo es muy importante para mi, quizás no deba dejarlo pasar y tenga que ocuparme de ello.

Establecer prioridades y plazos, nos puede ayudar para reducir la sensación de “lista interminable” porque nos centraremos en lo que nos toca hoy, con la tranquilidad de que para lo demás, ya le tenemos asignado su tiempo, y por lo tanto, no está desatendido.

Organizarnos el trabajo por tramos horarios, por días o por semanas depende ya de cómo nos sintamos más cómodos.

3 – Planifícate.

Sí, otra vez. La planificación es muy importante. Pero esta vez no me refiero a planificar el trabajo, sino a reservar tiempo para todo.

Cuando nos agobiamos tendemos a aumentar nuestras horas de trabajo en casa, y a reducir el tiempo que dedicamos a todo lo demás. De esta manera, aficiones, amigos, familia se ven a veces desatendidos y en nosotros sólo conseguimos aumentar la sensación de que lo único que hacemos es trabajar y por lo tanto bajar nuestro nivel de motivación y bienestar en general.

En muchas ocasiones esto hace que nos agobiemos más y que llegue el día en que digamos “¡Pues hoy no hago nada!”. Si esto lo alargamos, posiblemente se nos acumule el trabajo, nos agobiemos aún más y volvamos a encerrarnos con nuestro ordenador como único compañero/a.

Márcate un horario de trabajo que deberás respetar.

Un tiempo razonable que no debes saltarte pero tampoco superar, si lo respetas, seguro que llegas a tiempo para terminarlo todo, puesto que con la planificación que has hecho anteriormente, te ayudará a ser previsor/a y a que todo esté terminado para su fecha. Pero este horario debe ser como decía razonable. Hazlo de manera que cada día te quede tiempo para realizar otras cosas que te aporten bienestar y descanso. Tus aficiones, un poco de deporte o un paseo, visitar a amigos y familiares, un buen café en buena compañía.. todo debe tener hueco en esa agenda que todos estrenamos en septiembre. En el equilibrio está el secreto para llegar a Junio con la cabeza en su sitio.

Resumiendo. Recuérdate que aquello que haces merece la pena, busca tus propias motivaciones y retos. Planifica tu trabajo de manera que no tengas la sensación de tener que hacer mil cosas, sino que ahora, en este momento sepas lo que tienes que hacer, y que de lo demás ya te ocuparás en su momento. Y en tercer lugar, resérvate tu tiempo para que no todo sea trabajar, dale su lugar a tus aficiones, amigos, familia, deporte… porque al fin y al cabo, tú eres lo más importante que tienes, y tienes que cuidarte.

Seguro que cada uno de vosotros tenéis vuestros propios consejos, aquellos que os han hecho ir aprendiendo a lidiar con el día a día. Me encantaría que lo compartieras con todos nosotros, (me encantaría que dejaras tu comentario) y así entre todos, hagamos que este curso venga cargado de ilusión y nuevos retos que alcanzar.

 

2 thoughts on “Cómo sobrevivir al inicio de curso

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