Gestionar las expectativas – Crear un curso ilusionante

Ya hemos comenzado el curso, y pronto estaremos ya a pleno rendimiento.

Al igual que nosotros hace una semana, y tal vez aún ahora, nuestros alumnos y alumnas afrontan el final de sus vacaciones y empiezan a crear en su mente una imagen de qué será de ellos este nuevo curso.

¿Lo pasaré bien?
¿Tendré muchos deberes?
¿Será muy difícil?
¿Mi nuevo Profe será bueno conmigo?
¿Será muy difícil el nuevo curso?
¿Me llevaré bien con ese compañero/a con el que el año pasado tuve problemas?

Estas y otras preguntas (aunque quizás en otro lenguaje) estarán comenzando a rondar sus cabezas. La respuesta que le den dependerá en gran medida de la experiencia que tuvieron en el curso pasado.

Un niño/a que ha tenido una mala experiencia de la escuela posiblemente tenga poca motivación e incluso miedo a reanudar su actividad escolar. Igualmente aquellos que vivieron una experiencia positiva posiblemente alberguen la ilusión por volver al cole.

Quizás sea tarde ya para intentar cambiar esa experiencia previa , por lo que no ahondaremos en ello. Pero, ¿Hasta que punto puede llegar a afectar esa motivación y expectativas (tanto positivas como negativas) a la experiencia real que vivirán este año? Posiblemente sea el factor clave, y decantará su actitud ante cualquier actividad que preparemos para ellos.

El hecho de que un alumno/a se muestre motivado o predispuesto a la participación activa en cualquiera de las actividades diseñadas para el aula, dependerá de las expectativas que tenga de lo que va a suceder. Si cree que lo pasará bien, será interesante o siente curiosidad por la actividad a realizar, su actitud será participativa, positiva y se mostrará receptivo. Su disposición a la cooperación y colaboración entre iguales será mucho mayor si espera vivir una experiencia agradable y positiva. Si el alumno/a siente que tendrá parte, que se le tendrá en cuenta, que podrá tomar decisiones o formar parte esencial de la actividad, su participación desde el inicio será mayor.

Si por el contrario, un alumno/a siente que será más de lo mismo, que ya sabe lo que va a pasar (por lo tanto no entra en juego la curiosidad), si cree que será aburrido, si piensa que su implicación no cambiará el desarrollo ni se tendrá en cuenta, si cree que no tiene nada que aportar, etc, etc… la motivación del alumno será nula, su participación escasa, y su predisposición al aprendizaje dejará mucho que desear.

Muchos de nosotros (profesores) en estos días estamos diseñando cómo serán esos primeros días de clase, y estoy seguro de que gran parte de nosotros lo hacemos queriendo fomentar la motivación de los alumnos y alumnas, que sean actividades divertidas… otros, sobre todo en los cursos superiores de nuestro sistema educativo, estarán pensando en cómo imponer nuestra autoridad ante una edad complicada, cómo incidir en la importancia de aplicarse y esforzarse desde el primer día etc. Sea cual sea nuestra posición ¿Lo hacemos pensando en esa idea previa que traen los alumnos/as sobre cómo será el curso? Es fundamental ayudarles a exponer y gestionar esa imagen que traen preconcebida de casa.

¿Cuál es entonces el papel del maestro o profesor?

Los primeros días de clase, serán los que hagan que el alumno reafirme su idea de lo que será el curso o por el contrario la matice o cambie por completo.

Una buena idea, sería darles la palabra. Dedicar los primeros días a conversar sobre qué esperan del curso, qué esperan del profesor, qué esperan de sus compañeros y qué esperan de ellos mismos. Que pongan palabras a qué creo que va a pasar, cómo creo que me voy a sentir, qué creo que voy a aportar, cuál creo que será mi actitud o disposición.

Una vez trabajadas esa “imagen previa” que traen, trabajaremos los deseos. ¿Qué te gustaría que pasara? ¿Cómo te gustaría que se relacionasen contigo tus profesores y compañeros? ¿Qué resultados y metas te gustaría alcanzar? ¿Sobre qué te gustaría aprender?

Finalmente, intentaremos aterrizar en lo concreto. ¿Cuál es mi papel en todo esto? ¿Qué puedo hacer yo? Esta última reflexión es muy recomendada para los alumnos, pero sin lugar a dudas, es indispensable para el docente.

Tú como profesor:

  • ¿Qué crees que va a pasar este curso? ¿Qué imagen tienes de ese grupo que te ha tocado? ¿Qué imagen de ti mismo/a te trasladan tus alumnos?
  • ¿Qué te gustaría que pasara en tu aula? ¿Qué clima de trabajo y aprendizaje te gustaría que se crease? ¿Cuáles son los deseos de tus alumnos que te gustaría que se viesen cumplidos?
  • Y para ello ¿Qué puedes hacer tú? ¿Qué está en tu mano? ¿Qué rol quieres tomar?

 

Un último apunte: Cuidado con crear falsas expectativas. No seamos vendedores de humo. No prometamos a los alumnos lo que no podemos o queremos cumplir. No les hablemos de disfrutar, vivir aventuras, pasarlo bien en clase, si después durante el curso, no voy a trabajar y dar lo mejor de mi para que esas expectativas se hagan realidad.

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