Aprender no es aburrido

Me niego a aceptar que aprender tenga que ser aburrido. De hecho estoy convencido de que no lo es y voy a compartirlo aquí con vosotros.

En primer lugar, el aprendizaje viene siempre de la mano de la curiosidad y la sorpresa, emociones que nunca van asociadas al aburrimiento. De hecho pueden considerarse la antítesis.

Aprendemos lo que nos motiva, aquello que nos llama la atención, lo que estimula nuestra curiosidad. Lo demás, podremos memorizarlo a base de esfuerzo y repetición pero difícilmente se produzca un aprendizaje significativo si el tema en cuestión no nos motiva lo más mínimo.

Si piensas en aquello que has aprendido ya de mayor, entenderás mejor esto que te digo. Cuando has aprendido a cocinar, a conducir, la alineación de un equipo o cualquier habilidad y conocimientos relacionados con tus aficiones, ha sido porque te interesaba, te estimulaba de alguna manera, ya fuera movido por la necesidad, la curiosidad o un reto personal.

Cuando en nuestras aulas “obligamos” a nuestros alumnos a tratar algún tipo de contenidos, quizás lo estudien, quizás lo memoricen, pero difícilmente lo aprendan realmente si no les resulta estimulante.

Por lo tanto tenemos que diferenciar entre aprender y estudiar. Y ahora viene la pregunta del millón: ¿Quieres que tus alumnos aprendan o te conformas con que sólo estudien?

Si tu respuesta es la que espero que sea, y quieres que tus alumnos aprendan de manera significativa, entonces ya sabes, tienes que revisar si estás partiendo y estimulando su curiosidad, interés y motivación.

Si seguimos con nuestra regresión personal a situaciones personales de aprendizaje, veremos también que el aprendizaje fue significativo y duradero en la medida que pusimos en práctica y aprendimos haciendo.

Leer es importante, escuchar también, pero si no hay aplicación, si no experimentas en la práctica lo aprendido, será cuestión de tiempo que tu memoria haga de las suyas y caiga en el olvido.

El uso de dinámicas y técnicas cooperativas en el aula puede ser una estrategia que nos ayude a estimular el interés de nuestros alumnado. Tener una tarea u objetivo definido, un método o estrategia con la que llevar a cabo el trabajo requerido y hacerlo junto a tus compañeros de equipo desempeñando un rol determinado puede ser una buena forma de estimular el interés hacia la tarea a desarrollar.

En ocasiones un simple cambio en el aula es suficiente para estimular la sorpresa y curiosidad. Como convertir la puerta en la entrada de una cueva, algo que sorprenda y te haga salir de la rutina diaria, a veces es más simple y sencillo de lo que nos pueda parecer.

Finalmente, nuestro gran aliado: el juego. Cualquier conocimiento puede jugarse. La motivación, interés y curiosidad de nuestros alumnos está asegurada.

En conclusión, del aburrimiento no nace aprendizaje. Observemos nuestro auditorio y seamos capaces de provocar en nuestros alumnos las emociones necesarias para que disfruten de la escuela y que esta sea el lugar al que todos estén deseando venir porque hayamos encontrado los recursos y estrategias adecuadas para jugar, interesar, motivar y sorprender.

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