Liderazgo. Otro punto de vista.

No es la primera vez que hablo de liderazgo. ¿Por qué es un tema recurrente en mí? Porque creo que es fundamental entender bien el liderazgo, para ejercerlo de manera responsable. Una maestra, un maestro, ejerce por su propia profesión un liderazgo claro en el aula entre sus alumnas y alumnos.

Hablo de ejercer el liderazgo, no de ser líder. Porque tendemos a etiquetar nuestro ser, cuando en realidad, nunca somos nada de forma completa y en todo momento. Me explico: una persona que dice de sí misma que es tímida, seguramente se comporte de manera tímida en ciertas situaciones con determinadas circunstancias, pero probablemente, no sea así en todas las situaciones y circunstancias de su vida. Quizás se comporte tímidamente ante un grupo de personas desconocidas, pero en casa, con la familia, sea capaz de desenvolverse de otra manera mucho más desinhibida.

De igual manera, una persona quizá por determinado cargo, se espera de ella que sea un buen líder, pero no tiene por qué ser así en todo momento.  Que ejerzas el liderazgo en tu aula, no significa que lo ejerzas en tu claustro, o en tu grupo de amigos. Puede suceder también, que quien por cargo o posición se espera que ejerza el liderazgo, no tenga las habilidades necesarias para hacerlo de manera correcta y responsable, y suceda que el grupo a quien debía liderar, busque por sí mismo un nuevo referente o surjan nuevos y alternativos liderazgos. Esto no siempre es deseable, como en un aula no sería lógico que el liderazgo lo ejerciera un alumno o un padre o madre, por encima del profesor.

Esta entrada, quiere dar un nuevo punto de vista que quizás no nos hemos planteado, y centrado en el mundo educativo. Es un post dirigido por un lado, a maestras y maestros que ejercen su liderazgo en el aula, pero también a quienes forman parte de equipos directivos y ejercen un liderazgo sobre el claustro de profesores y la comunidad educativa.

Antes de seguir, y entrar de lleno en el tema, he de decir que la imagen y la metáfora que voy a utilizar no es creación mía. Es una imagen fácilmente localizable en la red, que forma parte de un documental sobre los lobos de un parque canadiense. Pueden ver la nota aclaratoria al final del post.

Te voy a pedir que observes la siguiente fotografía.

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En ella, vemos un grupo de lobos, una manada. Si te pregunto quién crees que es el que ejerce el liderazgo, ¿a cuál elegirías?

Posiblemente, la mayoría de nosotros elijamos al primero de ellos. Porque tenemos asociado que un líder es aquel que a quien la gente sigue. Podríamos llamarlo de cualquier otra forma, pero para mí ejercer el liderazgo no es que la gente te siga. Ejercer el liderazgo es hacer que cada persona de lo mejor de sí mismo, y sean capaces incluso de ejercer su propio liderazgo, es decir, un líder que genera líderes.

Aprendamos de la metáfora de esta manada de lobos:

Ante todo, y aunque parezca una obviedad, toma consciencia de que la manada, camina en la misma dirección. Un mismo destino, un objetivo común. Sin esto, no hay manada.

Al principio, los tres primeros son los más mayores, los que menos fuerza tienen. Van los primeros porque son quienes marcan el ritmo de la manada.

¡Qué importante esto en un entorno educativo! No dejar a nadie atrás. Sé que muchos y muchas no estáis de acuerdo conmigo en esto, que no se puede parar el ritmo de un grupo por una persona. Depende de cómo lo entiendas. Si respetar el ritmo del último lo entiendes como que el resto se siente a esperar, entonces, obviamente no es viable. Pero si entendemos el aula como un equipo en el que no se deja a nadie atrás,  el éxito individual es celebrado de forma colectiva, y de manera cooperativa, mi trabajo redunda en el tuyo, y soy capaz de preocuparme y ocuparme de que tú también avances conmigo.

Si es importante en el aula, no digamos en un claustro de profesores. La innovación educativa, los sistemas de calidad, la burocracia y los cambios impuestos, tanto de cultura de centro como legislativos, van dejando cada día a más personas atrás. Después nos extrañamos al no obtener resultados. Si no hay equipo, no hay resultados colectivos que merezcan la pena, sino algunos aislados y personales, que no son transferibles al resto. ¿Para qué quieres tener un profesor innovador si es el único que tienes en el centro? Invierte tiempo y dedicación en crear equipo, que todo el claustro sea un verdadero equipo. Y para esto, debemos poner los primeros a quienes más cansados están: ellos marcan el ritmo.

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El siguiente grupo de cinco lobos, que se repite de nuevo al final, son los más fuertes de la manada. Son aquellos que cuidan a los primeros. Su cometido es vigilar y defender si el grupo sufre un ataque en la cabecera el primero, o por la retaguardia el segundo.

En el aula ¿Qué rol fomentamos en los alumnos más brillantes? ¿Cuántos de nosotros podemos decir honradamente, que fomentamos que nuestros alumnos brillantes tengan como objetivo cuidar del grupo? Debemos cuidar este aspecto en clase, porque si les damos la oportunidad, los alumnos y alumnas pueden convertirse en los mejores maestros y maestras en el aula.

Si miramos nuestro claustro, podemos trasladar la situación tal cual. Tras los mayores, deberán estar aquellos que mayor motivación, formación y ganas tienen de trabajar en los objetivos comunes. ¿Para presionar y aumentar el ritmo? No, para asistir, ayudar, acompañar, animar. Para salir al paso como compañeros, ante las dificultades que vayan surgiendo.

Tras estos, viene el gran grupo. Estos están protegidos, cuidados, mimados por el grupo de los fuertes que llevan ante ellos.

Entre nuestros alumnos, siempre hay un grupo que pasa desapercibido. No destacan especialmente a nivel académico, no son “de los fuertes”, ni destacan por revoltosos o mal comportamiento. ¿Cuántas veces terminamos una clase, o una jornada completa y no hemos sido conscientes de estos alumnos? Seamos sinceros, habrá muchos momentos en los que si no nos obligamos a prestarles atención, incluso pueda pasar el día sin que hayamos hablado con ellos personalmente, no como parte del gran grupo.

En un claustro, también existe este grupo de personas que, si bien no destacan por ser de los más desmotivados y reticentes al cambio, tampoco son de los que abanderan nuevas iniciativas y propuestas. Posiblemente, formen el gran grupo del claustro. Estas personas que si los cuidas, mimas y atiendes, pueden formar parte fundamental de tu equipo, pero que si los desatiendes, si se frustran por no sentirse valorados, pueden llegar a frustrarse de tal manera, que pasen a formar parte del primer grupo.
También aquellos que “funcionan solos” y no hay que estar detrás de ellos. No confundamos, son 100% capaces y autónomos, pero si realmente queremos equipo, sí que hay que estar detrás de todo nuestro equipo, animando, apoyando, dando nuestra confianza y reconocimiento.

Finalmente, en la foto, tenemos un último lobo. Éste es el líder de la manada. No es el primero al que todos siguen, pues si van a una, todos saben hacia dónde van. No está vigilando a los fuertes para que cumplan su función, pues habrá hecho lo suficiente previamente, para que todos asuman su responsabilidad individual para el bien del grupo. Quien ejerce el liderazgo, asegura que nadie se queda atrás, mantiene la manada unida, dispuesto a correr en cualquier dirección donde se le necesite, como servidor de todos, para proteger, defender o asistir si algún compañero lo necesita, siendo el “guardaespaldas” de todo el grupo.

En el aula, no somos los protagonistas, o no deberíamos serlo. No tienen que seguirnos, aclamarnos, darnos reconocimiento. Nuestro papel, es el de facilitar el aprendizaje de nuestros alumnos, cuidar del equipo como tal, de su cohesión, de que tengamos objetivos comunes, que no se deje nadie atrás. Me atrevería a decir, que mucho más que lo académico, nuestra mayor responsabilidad es cuidar el aspecto social del aula.

Como personas que ejercen el liderazgo de un claustro o una comunidad educativa, la responsabilidad es la misma. Quien quiera ejercer un verdadero liderazgo, su papel no será el de imponer tareas, administrar roles, presionar, exigir ni fiscalizar. Quien ejerza un liderazgo responsable, cuidará de que el claustro tenga y comparta un mismo objetivo, que nazca del propio equipo, no impuesto. Cuidará de sacar de cada uno la mejor versión de si mismo, que exista el compañerismo, que se ejerza la responsabilidad individual para el bien común, pero no de forma impuesta sino porque nazca de una motivación intrínseca. Cuidará de los más mayores o los más cansados y desmotivados, para que el ritmo del equipo sea el que ellos puedan llevar, sin que nadie quede atrás. Cuidará del gran grupo, para que todos, aun sin destacar, se sientan parte fundamental del proyecto común.

Quien ejerce un verdadero liderazgo, no busca que el grupo le siga. Busca que surjan nuevos liderazgos en el grupo que sigan enriqueciendo el objetivo común, que tomen iniciativa para continuar en la misma línea, personas en las que delegar responsabilidades y confianza.

¿Y tú, ejerces un liderazgo responsable en el aula y en tu centro?

___

Termino con una aclaración, pues si no la hiciera, me sentiría mentiroso. La imagen muestra a una manada de lobos, que camina en fila para aprovechar el surco en la nieve que van creando los primeros. Posiblemente, el macho alfa o líder sea el que camina al frente del grupo. No obstante, y como indicaba al principio, es la metáfora aplicada al aula lo que podemos aprender, no de la imagen en sí, sino de la reflexión que suscita. Que los lobos no ejerzan este tipo de liderazgo, no quita importancia ni credibilidad a la reflexión que todos debemos hacer sobre nuestro papel en nuestro claustro y nuestras aulas.

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