Cada inicio de trimestre se repite la misma frase, dicha en voz baja o con cierta culpa:
“No tengo ganas de volver al cole.”
Y casi de inmediato aparece la coletilla, propia o ajena:
“Entonces igual no te gusta tanto tu trabajo…”
Pero no.
No creo que esa sea la explicación. Y, desde luego, no creo que sea justa.
Ser docente vocacional no te convierte en una máquina inagotable
La docencia es una profesión profundamente vocacional. Quienes estamos dentro lo sabemos bien. Nos gusta el contacto con el alumnado, pensar cómo explicar mejor, buscar nuevas estrategias, crear experiencias que dejen huella. Nos mueve el vínculo, la creatividad y el sentido.
Pero que algo te guste —incluso que lo ames— no significa que no canse.
Un trabajo, por vocacional que sea, sigue siendo un trabajo.
Requiere energía mental, emocional y física.
Exige presencia constante, toma de decisiones, gestión de conflictos, atención continua.
Y después de semanas intensas, es normal que cueste arrancar.
El cansancio no invalida la pasión por enseñar
Existe una idea muy instalada:
si te gusta tu trabajo, no deberías sentir rechazo al volver.
Y si lo sientes, algo falla en ti.
Nada más lejos de la realidad.
Sentir pereza, desgana o dificultad para retomar la rutina no es sinónimo de falta de vocación, sino de humanidad.
Más aún cuando:
- Las condiciones laborales no siempre son las mejores
- La carga burocrática es alta
- El ritmo es exigente
- Los recursos son escasos
Incluso cuando no hay quejas graves, es legítimo disfrutar del descanso.
El derecho a disfrutar del tiempo fuera del aula
Las vacaciones y los fines de semana no son un premio por “haber cumplido”.
Son una necesidad básica.
Tiempo para:
- Estar con la familia y amistades
- Recuperar energía
- Hacer aficiones
- No rendir cuentas
- No producir
Ese tiempo no resta profesionalidad.
La sostiene.
El mito del profe que no desconecta
Durante años se ha mitificado una idea peligrosa:
que el buen docente es aquel que dedica su tiempo libre a programar, adelantar trabajo o crear materiales.
Como si el sacrificio constante fuese una prueba de amor por la profesión.
Como si descansar fuese falta de compromiso.
Pero no lo es.
Cuidarte no te hace peor profesional.
Te hace más sostenible.
Autocuidado, equilibrio y vida más allá del rol docente
Para mí, disfrutar de la vida “no profe” no es egoísmo.
Es autocuidado.
Es equilibrio.
Es entender que somos personas completas, no solo profesionales.
Personas con intereses, relaciones, deseos y ritmos propios.
Personas que disfrutan de lo que les gusta dentro y fuera del aula.
Y cuanto más rica y variada es esa vida, más sentido, calma y presencia llevamos después a nuestro trabajo.
Volver al cole con humanidad
Así que no,
no tener ganas de volver al cole no significa que no te guste enseñar.
Significa que:
- Has descansado
- Has vivido
- Has desconectado
- Eres humano
Y eso, lejos de ser un problema, es una buena noticia.

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