Hablemos de igualdad

El sábado 19 tenía previsto un Webinar en FREEED sobre igualdad, como finalmente no podrá llevarse a cabo, he decidido compartir algunas de las ideas y consejos que pensaba proponeros en el directo.

Una de las reflexiones que a veces hago en voz alta, ya que me han llegado a preguntar por ello, es qué hace un hombre hablando de feminismo, igual que me preguntan también por qué voy a las manifestaciones del 25N.

Para responder a esa pregunta, quizá antes debería responder a qué es el feminsmo o por qué este debe estar presente en las aulas y en la educación. Vayamos por partes.

El feminismo es un movimiento social que lucha por la igualdad entre hombres y mujeres. Busca empoderar a las mujeres para que ocupen su lugar en la sociedad en condiciones de igualdad a los hombres al a vez que combatir las injusticias que históricamente han relegado a la mujer un papel secundario o le ha negado derechos que para nosotros los hombres sí existían, es decir, no eran derechos sino privilegios.

Por lo tanto, es importante desmitificar esa falsa equiparación entre machismo y feminismo, porque no son equiparables. El machismo es la actitud o creencia de que el hombre es superior a la mujer, de que hay puestos sociales, culturales, laborales o politicos que le pertenecen y que por lo tanto le son vetados a las mujeres y viceversa, que hay espacios que están reservados para la mujer. Curiosamente, estos últimos son de menor valor social/económico que los primeros. En cambio, el feminismo no busca la superioridad de la mujer frente al hombre, el feminismo busca la igualdad y por lo tanto equiparar lo que durante tantos tiempo ha estado desequilibrado. El feminiso no lucha contra el hombre al contrario de lo que desde ciertos círculos se quiere hacer creer, lo que pasa es que la igualdad requiere sí o sí la pérdida de esos privilegios para que ahora sí, sean derechos de todas las personas sin distinción de sexo.

Además, hay una gran diferencia que sitúa ambos conceptos en las antípodas: el machismo mata, el feminismo no.

Entonces, podrán preguntar algunos, si el feminismo no es una lucha contra los hombres, por qué podemos ver a veces discursos y luchas tan encendidas desde el feminismo. En este sentido, me gusta usar una metáfora que quizá no sea la mejor e incluso algunos puedan reprocharme, pero correré el riesgo.

Imagina una atleta corriendo una ultramaratón. Al inicio de la carrera, si te fijas en sus expresiones faciales y en su cuerpo, quizá puedas pensar que lo está haciendo sin mucho esfuerzo, que el reto es pequeño. En este sentido su cuerpo aún no encuentra mucha resistencia.

Sin embargo, si te vas unos 100 o 200 metros antes de la línea de meta, verás expresiones de verdero esfuerzo, los músculos irán tensionados al máximo, incluso algunas griten del esfuerzo. Al ver esto, quizá dudarías de que queden solo 100 metros o creas que están haciendo un esfuerzo excesivo para solo 100 mentros. La cuestión es que a estas alturas de la carrera, cuando ya has conquistado tanto terreno la resistencia de tu cuerpo es enorme, cada paso requiere de un esfuerzo gigantesco.

En el feminsmo, y esto es una opinión personal, pasa algo parecido. Desde nuestra óptica actual, pensar en las primeras conquistas del movimiento feminista como por ejemplo pudieran ser el acceso al mercado laboral, la independencia jurídica y económica sin necesitar la tutela de un hombre, el derecho al sufragio, etc… puedan parecernos algo básico, algo que a día de hoy, no requiere esfuerzo explicar ni encuentra resistencia en la sociedad. Incluso si pensamos en casos más recientes como la equiparación salarial, las bajas por paternidad y materinadad…

Sin embargo, cuando se tocan lo que a día de hoy siguen siendo privilegios del hombre no tanto a nivel jurídico o legal sino más bien cultural, la resistencia sigue siendo enorme y por lo tanto el esfuerzo ha de ser mayor. En ese sentido, estamos en los últimos metros de la carrera para esos nuevos logros del feminismo. Tenemos ejemplos claros en nuestro pasado reciente a los que no voy a entrar para no alargarme.

Entendiendo esto, que es una lucha por la igualdad real entre hombres y mujeres, la pregunta de por qué un hombre hablando de feminismo empieza a perder sentido. No solo quien sufre una realidad puede trabajar por cambiarla. Hay un papel esencial que debemos hacer los hombres y es dejar de luchar en contra por mantener nuestros privilegios. Evidentmente es una lucha de las mujeres porque son quienes lo sufren diariamente y es cierto que por mucha empatía que tengamos nunca podremos sentir en nuestra piel lo que es soportar miradas, comentarios, dificultades extras para acceder a un puesto de trabajo o miedo al volver a casa por la noche. Pero que sea vuestra lucha no significa que nosotros no podamos luchar en ella. Cuando tomas conciencia de algo que está mal, o luchas para cambiarlo o, de alguna manera, tu silencio te hace cómplice y ayuda a que se perpetúe el problema.

¿Y en la escuela también? Evidentemente sí.

Educar en feminismo es educar en igualdad, respeto, tolerancia, convivencia… en definitiva es educar en valores, algo que hacemos desde siempre en la escuela y que debemos seguir haciendo.

La escuela es, aunque no el único, el principal lugar donde se educa a quienes poblarán nuestra sociedad adulta en el futuro. Si queremos una sociedad tolerante, respetuosa, en la que todas las personas independientemente de su sexo puedan desarrollarse y crecer en libertad y plenitud, debemos construirlo desde la base. Si queremos una sociedad en la que la violencia y los asesinatos por cuestiones de género dejen de existir, debemos construirlo desde la base.

Y esto, no es moral que cada uno pueda tener la que quiera, son derechos y son vidas.

Entonces ¿Qué podemos hacer?

Os hablaré de tres propuestas, algunas más sencillas que otras, para introducir este trabajo que no es para un “día de” sino más bien un trabajo de fondo que ir haciendo día a día.

1. Educar con el lenguaje.

El lenguaje es el vehículo por el cual pensamos, entendemos y desciframos el mundo y expresamos lo que somos. El lenguaje configura nuestra realidad, por lo tanto lo que no se nombra no existe. Hablar de esta problemática en clase es un primer paso.

Y no nos engañemos, nuestra gramática es machista. Es decir, prima el uso del masculino por encima del femenino, no hay una relación de igualdad. No voy a discutir sobre la corrección gramatical del masculino como género neutro que engloba a ambos géneros, que la gramática sea así (sé que lo es) no significa que por ello deje de ser machista o no pueda cambiarse. Pero no, el masculino no incluye al femenino.

Si yo en clase digo “Las niñas que terminen pueden salir al patio” queda claro que me refiero solo al sexo femenino, y que los niños no deben sentirse incluidos en esa instrucción.

Pero si por el contrario digo “Los niños que terminen pueden salir al patio” ¿Me estoy refiriendo solo a los niños (sexo masculino) o estoy usando el masculino como género neutro y por lo tanto me refiero a niños y niñas? ¿Deben sentirse incluidas las niñas en esta instrucción? Lo que no se nombra no existe, y a las niñas y mujeres no se las nombra en muchísimas ocasiones.

En este sentido os RECOMIENDO una lectura que es muy amena y os puede ayduar a ampliar sobre el uso del lenguaje inclusivo. El libro se llama “Ni por favor ni por favora” y es de María Martín (Editorial Catarata)

2. Analizar situaciones: las gafas violetas.

Escuché a una compañera hablar de que en clase tenía unas gafas violetas. Cada vez que se daba una situación en la que había discriminación o desigualdad por razón de género ella se ponía las gafas. En ese gesto, ya estaba dando pistas, algo pasaba.

Con las gafas violetas analizaban desde la igualdad la situación en cuestión y veían en qué medida se estaban vulnerando derechos de las niñas o mujeres, privilegiando a los hombres o niños o al menos, creando una distinción y teniendo una actitud sexista.

Esto en el cole puede pasar muy a menudo, y cualquier situación cotidiana puede ser una oportunidad para, con nuestras gafas, educar en igualdad. Un partido de fútbol en el que no dejan jugar a una niña, el uso de los colores (rosa=niñas), el uso de juguetes, etc…

3. Ofrecer referentes femeninos.

Como decía al principio una de las tareas del movimiento feminista es también el de empoderar a la mujer para que ocupe los puestos sociales a los que culturalmente o históricamente no tenía acceso. No es solo permitirlo legalmente, que quizá ya lo esté, sino ofrecer las herramientas personales para sentirse capaz de hacerlo sin presión social o cultural.

Hace unos años, en Ciencias de la Naturaleza había un indicador de evalaución que hacía referencia a que los alumnos y alumnas conocieran la biografía de personas importantes de la ciencia que habían aportado descubrimientos, inventos o avances científicos. Revisé el libro de texto y…. ¡Solo venían hombres! Hice un sondeo a través de una lluvia de ideas a ver qué científicos conocían mis alumnos y… ¡Solo decían nombres de hombres! Con esfuerzo conseguimos que alguien nombrase a Marie Curie… pero solo a ella.

Ahí comenzamos el proyecto “Mujeres de ciencia” y fuimos descubriendo biografías de mujeres relevantes en el mundo de la ciencia que habían posibilitado con sus trabajos los avances de los que disfrutamos hoy.

Tenemos suficientes referentes masculinos en todos los ámbitos de la vida, pero no siempre los tenemos femeninos. Y mis alumnas necesitan también referentes en los que poder proyectarse hacia el futuro.

Crear proyectos en clase como este, puede ser una gran oportunidad para, mientras aprendemos y avanzamos en el temario, seguir ofreciendo referentes en condiciones de igualdad.

En estos días, os iré proponiendo en mis redes sociales algunas lecturas que podéis utilizar para ofrecer nuevos referentes a nuestros alumnos y alumnas para que también las mujeres tengan un papel relevante en este sentido.

Me habría encantado que esto, en lugar de ser un texto algo largo en el que os dejo pinceladas de algunos temas, hubiese sido una conversación en la que pudiésemos compartir puntos de vista, ideas y experiencias. No ha podido ser a través de un Webinar, pero siempre podemos leernos y respondernos en comentarios. ¡Espero los tuyos!

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