Probablemente no lo recuerdas. Pero hace mucho tiempo, inicié un proyecto llamado “Pensando en alto”. Algo así como un podcast educativo en el que, de la mano de refranes populares, hilaba reflexiones educativas.
Hoy lo retomo, no sé si con más o menos continuidad, pero al menos hoy lo retomo. Y quiero contarte el que suele ser mi mayor error, o al menos el que con más frecuencia identifico.
Porque… camarón que se duerme, se lo lleva la corriente.
Y eso de dejarse llevar, aunque sea por la corriente, a veces es tentador. Es más, me atrevería a decir que hay toda una corriente de ese positivismo fácil, que apuesta por “dejarse llevar”. Ya lo cantaba Vetusta Morla… suena demasiado bien.
Pero al contrario de lo que pueda parecer, mi mayor error suele ser dejarme llevar, ¡y mira que a veces es también mi mayor virtu!
¿Cómo puede ser que lo que tantas veces me ha dado alegrías en lo personal como en lo profesional, a la vez lo identifique como un error?
Pues sí, puede ser. Y voy a explicártelo mejor.
Dejarse llevar es, normalmente, algo bueno. Al menos para mí.
Cuando me dejo llevar disfruto más, fluyo, llego a lugares nuevos, vivo experiencias más gratificantes e intensas. En lo personal, dejarme llevar es soltar el control que a veces tanta ansiedad me genera, es dejar de querer que las cosas se ajusten a un plan determinado que tan rígido e inflexible me vuelve a veces. Dejarme llevar es la mejor terapia para aceptar la realidad tal cual es sin pretender cambiarla ni forzar nada. Algo que me ha costado muchas sesiones de terapia y que ahora constituye una de mis mejores y más preciadas herramientas de vida.
Al mismo tiempo, cuando ese dejarse llevar se alarga en el tiempo ya se convierte en vagar sin rumbo… ahí es cuando vienen los problemas. Y aunque es más visible en el ámbito profesional, en el personal pasa del mismo modo.
Dejarse llevar a veces te lleva a lugares fantásticos. A mí, dejarme llevar por lo que sentía me hizo dejar un trabajo muy estable en el que podría haberme jubilado pero en el que no habría sido feliz. Dejarme llevar hizo que me aventurase a vivir situaciones menos estables pero que me hicieron conocer nuevas realidades que me enriquecieron al máximo. Dejarme llevar hizo que en su momento, me decidiese a fundar TRIBU.
Ahora bien, cuando tienes un objetivo, cuando quieres avanzar y progresar, ya sea personal o profesionalmente, necesitas saber hacia donde quieres ir y tener un plan. La flexibilidad será ideal en ese plan, pero hay que tener plan.
Como profe, caí en dejarme llevar por la monotonía y el ritmo repetitivo del aula. Pasar la página del libro, buscar algún recurso atractivo para mis alumnos para X contenido, tratar de que lo entendiesen lo mejor posible… sí, todo esto lo hacía, pero dejándome llevar por una inercia que cada vez me hacía más predecible, repetitivo y aburrido. Y no es que crea que tengamos que ser más o menos entretenidos, es que a mí eso ya no me gustaba tanto, ya no me motivaba igual, y sobretodo, mi calidad como docente estaba cayendo al mínimo.
Dejarnos llevar por la rutina docente, quizá nos garantice un mínimo suficiente, pero te aseguro que no te va a llevar a la mejor versión del docente que puedes llegar a ser, y mucho menos a la excelencia que deseamos.
Desde que fundé TRIBU, trato de estar en una revisión continua. Parar a observar, ver si lo que estoy haciendo es realmente lo más importante para mí, si mi tiempo se gasta en lo que realmente quiero que sea, o si estoy cayendo de nuevo en una rutina que me acomoda y apaga.
Y es verdad que a veces caigo en ese dejarse arrastrar un poco por la corriente porque es cierto que remar todo el rato es muy cansado, más si lo hacemos contra la corriente.
Pero cuando me noto estancado, cuando veo que he perdido claridad sobre hacia donde voy, paro y busco un momento para reordenar y recalcular la ruta. Porque quizá ya no quiera seguir en la misma dirección, quizá haya nuevos elementos que integrar, o quizás me estaba alejando sin darme cuenta de mi objetivo.
No te lo voy a negar, esa revisión continua puede llegar a ser extenuante. También hay que darle tiempo a los proyectos para que asienten y realmente puedas ver si han dado o no los frutos que esperas. De lo que estoy seguro, al menos por mi experiencia y formación, es que nada bueno llega sentándote a esperar, mientras tú sigues haciendo lo mismo de siempre.
Y sí, me sigo dejando llevar, dejando que mi intuición me guíe y me aconseje, tratando de saber leer los giros de guión que a veces da la vida, disfrutando del proceso y de la magia que simplemente surge y no hay plan que la contemple. Pero con ese dejarse llevar, busco el sentarme a releer y redefinir.
Cada día busco vivir mejor, ser más feliz con lo que hago y que esto me cueste las menos energías posibles o me resten menos calidad de vida. Busco cada día un poco más trabajar lo justo para vivir, en lugar de vivir para trabajar. Y lejos de lo que parece, ese revisar e intentar mejorar cada vez un poquito más, es la única manera de lograr acercarme poco a poco a ese sur hacia el que quiero dirigirme.

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